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AGRESIVIDAD Y CULPA
Agresividad y culpa son emociones relacionadas y con componentes comunes. Veamos sus semejanzas y diferencias.
Según la terapia cognitiva las situaciones en principio son neutras, nosotros somos los que las convertimos en elementos capaces de crearnos tal o cual emoción. En contra de lo que solemos pensar, las emociones o los sentimientos son creados por nuestro pensamiento. Ningún acontecimiento tiene capacidad para crearnos una emoción determinada. Es lo que nos decimos sobre esa situación lo que nos provoca el sentimiento. SITUACIÓN (A) - PENSAMIENTO (B) -EMOCIÓN (C) A x B =
Estos ejemplos dejan claro que las emociones, y la culpa y la agresividad son algunas de ellas, están causadas por lo que pensamos de las situaciones y no por la situación en sí misma. Nos sentiremos culpables si a la hora de hablarnos sobre situaciones vividas nos decimos que no hemos cumplido tal o cual norma o que deberíamos haber hecho tal o cual cosa. Nos sentiremos agresivos si pensamos que son otros los que deberían haberlo hecho. Las normas pues, son en muchos casos, el origen tanto de la culpa, como de la agresividad. Una norma es un esquema, lo habitual es que nos sean inculcados de modo que aprendemos que si los seguimos obtendremos el máximo beneficio para nosotros y para el grupo, en este sentido las normas son útiles. Pero tienen un gran inconveniente: su rigidez, están para cumplirlas, ese es su objetivo y es evidente que cuantas más se tiene más difícil es seguirlas todas porque, entre otras cosas, muchas de ellas son incompatibles entre sí. Si para cada uno de nosotros resulta complicado atenernos a nuestras normas, qué decir de la expectativa de que otros las cumplan que tanta agresividad nos genera a veces. Vamos a profundizar un poco más en esta emoción que tanto desgaste ocasiona a veces. La agresividad se dispara de forma automática ante determinadas situaciones, en general frente a las que interfieren con nuestros objetivos. Como toda emoción tiene una función, en este caso preparar al cuerpo para el esfuerzo necesario para vencer el obstáculo que se ha presentado. El problema con esta emoción puede surgir de diferentes formas:
El trabajo psicológico con la culpa y la agresividad se encamina hacia una reevaluación cognitiva de la situación, valorando si los pensamientos que están generando la emoción se ajustan a la realidad o son producto de una excesiva rigidez a la hora de aplicar las normas. Se trabajan también otro tipo de habilidades, si fuera necesario en cada caso; como fomentar habilidades que nos ayuden a defender nuestros derechos, aprender a comunicar nuestras emociones de manera más útil, aprender a responsabilizarnos y no culpabilizarnos de los hechos y aceptar las situaciones cotidianas que no podemos modificar sin llenarnos de ira por ellas. © PsizaMa T&S 2002-2008 |