OBESIDAD


La obesidad, un importante problema de salud, no es necesariamente sobrepeso aunque por lo general se presente; es un exceso en la grasa corporal del individuo, el cual procede a partir de porcentajes considerados como saludables y de la estimación que puede hacerse en cualquier persona. La obesidad es una enfermedad que acarrea muchos problemas y que predispone al que la padece a desarrollar otras enfermedades graves. de estas cifras son los que se consideran como obesidad.

“La obesidad se caracteriza por exceso de grasa corporal acumulada en el tejido adiposo, resultante de un balance positivo de energía”.

Esto va a originar normalmente, aunque no necesariamente un aumento del peso corporal con respecto al peso considerado normal para su talla, edad y sexo. Sin embargo, existen personas que aún superando este peso adecuado no son consideradas obesas porque el exceso no se debe a tejido adiposo (grasa) sino a masa muscular (por ejemplo los culturistas).

El problema de la obesidad se ha extendido mucho en los últimos años; observe a su alrededor: ¿cuanta gente "pasada" de peso ve?, seguro que muchas, y es probable que también en su familia, ¿o no?.

La importancia de que este fenómeno sea considerado como una enfermedad se basa en las influencias negativas sobre la cantidad y calidad de vida. La obesidad es la enfermedad metabólica más prevalente en el mundo occidental y constituye un auténtico problema de salud pública. Los estudios epidemiológicos demuestran que el 45% de los hombres y el 38% de las mujeres presentan algún tipo de obesidad o sobrepeso. Pero el ritmo de vida actual hace augurar que esta cifra seguirá aumentando. En España la prevalencia global de obesidad es del 13,4% (11,5% en hombres y 15,2% en mujeres), aumentando con la edad y con el bajo nivel de educación.

La obesidad ha dejado de ser un problema exclusivamente estético y poco a poco empieza a considerarse como una verdadera enfermedad. Lo importante es que se ha abandonado la idea de que es la consecuencia del vicio, de la glotonería y de la falta de fuerza de voluntad y ha pasado a tratarse como una auténtica enfermedad crónica.

Curiosamente vivimos en una sociedad en la que existe un ferviente culto a la delgadez pero en la que el sobrepeso y la obesidad aparece cada vez en mayor número.

Es una enfermedad absolutamente habitual en los países desarrollados, mientras que medio mundo no tiene posibilidad de comer, el resto tiene problemas por comer y no sabe ni quiere aprender.

La obesidad es un exceso de grasa en el organismo, y para realizar una buena evaluación es preciso medir o estimar el porcentaje de grasa de cada persona. Sin embargo, generalmente el exceso de grasa se manifiesta también como sobrepeso, por lo que puede conocerse con cierta seguridad si alguien padece de obesidad a través de su peso.

Una de las formas calcular la obesidad es a partir de una cifra llamada Índice de Masa Corporal (IMC) -que resulta de dividir el peso entre el cuadrado de la estatura en metros- la cual, a pesar de que hay controversias entre los puntos de corte a emplear, permite vislumbrar con claridad la gravedad del problema. Un IMC mayor de 25 se considera por lo menos sobrepeso cuando no ya obesidad.

La obesidad es, por lo general, consecuencia del tipo de alimentación. En una importante proporción se desarrolla desde la infancia, que es cuando aprendemos a alimentarnos y la etapa en el que adoptamos nuestros referentes culturales (y no hay que olvidar que la alimentación es cultura). Es sumamente probable que un niño obeso sea después un adulto obeso; no puede dejarse de lado el que hasta hace muy poco tiempo, y aún ocurre, un niño gordito era considerado un niño sano, cuando en realidad la obesidad y la salud -la buena salud- son dos procesos contradictorios.

Tal vez para las personas que padecen de obesidad, y en general para todos, la modificación de los hábitos alimentarios sea un camino un poco más difícil para reducir de peso, o para mantenernos saludables, pero es mucho más seguro y confiable psicológicamente.

Independientemente de la cuestión estética, que por otra parte es importante emocionalmente, la obesidad es un problema de salud; es una enfermedad, y una enfermedad que además nos predispone a otras enfermedades de las que todos seguramente hemos escuchado: la diabetes, la aterioesclerosis (que es lo que ocasiona la mayoría de los "ataques" cardiacos), la hipertensión arterial (quién no conoce a alguien de la familia o de los amigos al que le "sube" la presión).

La obesidad es una enfermedad que debe tratarse e intervenirse antes de que repercuta irreversiblemente en el organismo, antes de que afecte a los órganos de nuestro cuerpo, antes de que nos conduzca a desarrollar diabetes o hipertensión o un infarto.

La grasa en el cuerpo cumple con una gran cantidad de funciones, entre las que podemos destacar las siguientes: sirve como protección contra golpes, como termo para conservar el calor, protege a los órganos blandos y es componente de todas las células del organismo. La grasa, por lo mencionado, no es perjudicial en sí misma; lo perjudicial es el exceso.

Podemos hablar de
dos tipos de obesidad:

- Obesidad Hiperplásica: Se inicia en la infancia o adolescencia. Hay un incremento en el número de adipocitos o células grasas. El control debe realizarse desde la infancia.

- Obesidad Hipertrófica: Aparece a la edad adulta. Se caracteriza por un tamaño incrementado de los adipocitos. Son menos "rebeldes" al tratamiento que las anteriores y tienen una buena respuesta a la dieta hipocalórica.
CRITERIOS PARA LA EVALUACIÓN DE LA OBESIDAD: Uno de los criterios más utilizados para la evaluación de la obesidad es el sobrepeso; pero no es un indicador exacto, puesto que hay que tener en cuenta factores como el ejercicio físico, el cual incrementa la densidad del tejido muscular y el peso. Una medida buena es la densiometría, los sujetos no obesos tienen entre un 11 y un 14% de grasa corporal.

Evaluación de la ingesta:
el mejor método son los autorregistros (que recogen datos sobre los horarios, tipo de comida ingerida, cantidades, personas presentes, manera de comer, situaciones, pensamientos y emociones).


Historia de obesidad:
- Antecedentes familiares (para ver la existencia o no de una predisposición genética).

- Búsqueda de posibles causas (embarazos, tratamientos farmacológicos, supresión repentina de la actividad física, abandono del tabaquismo...).

- Historia dietética: ingesta de alimentos, bebidas alcohólicas, preferencias gastronómicas, horario y duración de las comidas...).

- Presencia o no de síntomas clínicos de complicaciones de la obesidad (poliuria, polidipsia, apneas del sueño...).

- Cuándo apareció.

- Intentos de solución.

- Hábitos familiares.

- Condiciones psicológicas, sociales o familiares que agravan el problema.

- Condiciones que la disminuyen.
Valoración médica

Evaluar la actividad física

Los obesos desean un tratamiento rápido, fácil de llevar y con resultados visibles y se dejan influir por todo tipo consejos y personajes que aparecen en televisión, radio, prensa..., en la mayoría de las ocasiones sin ningún rigor científico.

De esta manera surgen desde dietas pintorescas, pastillas milagrosas, infusiones, cremas y todo tipo de artilugios como pulseras, brazaletes, plantillas..., que sin ningún rigor ni aval científico se difunden en muchos medios de comunicación. Muchos de estos métodos si bien sorprenden por sus rápidos y visibles resultados, no hacen más que perjudicar la salud de sus seguidores y agravar los problemas que ya padezcan.

La forma de tratar la obesidad es reducir adecuadamente la ingesta, aumentar la actividad física e intentar modificar los hábitos alimentarios, todo esto bajo el asesoramiento de verdaderos profesionales de alimentación y nutrición (médicos endocrinólogos, dietistas, psicólogos...).

Además, el ejercicio físico es muy útil en el mantenimiento del peso perdido. Una buena actividad física previene, de alguna manera, recuperar el peso después de haber seguido un plan para reducirlo. Otro beneficio importante que tiene la práctica de ejercicio físico es la prevención de ciertas enfermedades. Existen muchas aportaciones en la literatura sobre los efectos beneficiosos de la actividad física para prevenir la intolerancia a la glucosa en la diabetes mellitus tipo II, para mejorar de la sensibilidad a la insulina, y para prevenir enfermedades cardiovasculares (asociadas a dislipemias, hipertensión arterial, etc.).

El
tratamiento cognitivo-conductual de la obesidad: el tratamiento busca un cambio de comportamiento per se. La terapia está orientada hacia un proceso que trata de identificar el comportamiento que el paciente debe adoptar, y que proporciona un método de aprendizaje.

El tratamiento generalmente se maneja en paquetes que incluyen lo siguiente:

Autorregistros: A los pacientes se les pide que lleven un registro diario del tipo y cantidades de comida que ellos ingieran y del valor calórico de las mismas. Este registro posteriormente se hace extensivo al ejercicio físico, lo mismo que a los pensamientos y sentimientos asociados con el comer.

Resolución de problemas: Entrenamiento que enseña al paciente a descubrir las dificultades que aparezcan en la terapia y a corregirlas. Por lo tanto puede identificar y delimitar las dificultades relacionadas con el peso; encontrar alternativas de soluciones para manejar el problema; evaluar las posibles soluciones y seleccionar una; planear e implementar el comportamiento; evaluar los resultados, y si la intervención no fuera exitosa reevaluar el problema y seleccionar otra alternativa.

Educación nutricional: La información acerca de la obesidad se introduce desde las primeras sesiones y a lo largo de toda la terapia. No se trata de modificar la dieta sino de INFORMAR del valor calórico de los alimentos y de reducir el consumo total. Actualmente, se hace énfasis en una dieta bien balanceada, baja en grasas. El cambio es debido a los hallazgos de que las dietas altas en grasa contribuyen a la enfermedad cardiovascular, lo mismo a que el organismo utiliza 25% más de energía para metabolizar carbohidratos que la grasa.

Regular el ritmo de ingesta: Varias técnicas han sido desarrolladas para ayudar a los pacientes a disminuir el ritmo de ingesta con el fin de mejorar la saciedad y que se sientan satisfechos con menos comida, como sería dejar los cubiertos sobre la mesa entre bocado y bocado, masticar los alimentos varias veces antes de ingerirlos; ya que se ha visto en estudios recientes que los pacientes que lentifican la ingesta pierden mucho más peso que los pacientes que no logran comer más despacio.

Control de estímulos: Las técnicas de control de estímulos han sido planeadas para limitar a los pacientes a que se expongan a la comida y así prevenir la ingesta indebida, ya que en los individuos obesos encontramos un mayor número de estímulos que elicitan la ingesta. Para lo cual se les sugiere:
- No ir de compras antes de comer,
- guardar los alimentos apropiadamente, las comidas de alto contenido calórico no deben estar disponibles (guardarlas fuera de la vista, no comprarlas, etc.);
- reducir las raciones, tirar las sobras, usar platos pequeños, poner en la mesa sólo que vaya a comer;
- dejar siempre un poco de comida en el plato;
- comer despacio, con intervalos de 5 minutos entre plato y plato:
- limitar los tiempos, lugares y actividades asociadas con comida,
- no comer entre horas, seguir horario de comidas,
- planear las actividades sociales involucradas con comer.
Reestructuración cognitiva: La terapia cognitiva actualmente de forma rutinaria se incluye en el tratamiento de la obesidad y está diseñada para ayudar a las personas que tienen que llevar una dieta a sobreponerse de los pensamientos negativos que pueden socavar los esfuerzos por el control. Estos pensamientos pueden incluir: La imposibilidad por bajar de peso (por ej. "Yo nunca voy a poder bajar de peso") o metas poco realistas (por ej. "Jamás voy a volverme a comer un helado") o (por ej.: "Que barbaridad! soy un fracaso, siempre voy a ser gordo ").El método desarrollado por Beck y Mahoney se usa para ayudar a los pacientes a enfrentarse a estos pensamientos y encontrar respuestas racionales a sus respuestas negativas.

Ejercicio: El incremento de la actividad física es quizás la correlación que se relaciona más; a largo plazo con el control de peso. Es sorprendente como el ejercicio a corto plazo para bajar de peso es efectivo de una manera mínima; esto es debido a que con el ejercicio se queman menos calorías de lo que la gente generalmente piensa. El ejercicio físico, adaptado a las características y circunstancias de cada individuo, no sólo ayuda a disminuir el peso, sino también a mantener el peso perdido. Por otro lado modifica la composición corporal, mejora los factores de riesgo asociados a la obesidad, modifica hábitos alimenticios y tiene efectos psicológicos positivos.
El tratamiento de la obesidad ha de ser diseñado individualizadamente para cada enfermo obeso.

Debe prestarse atención a las recaídas, recuperaciones de peso, etc. que pueden sufrir los pacientes

 

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