|
|
|
|
|
DISFUNCIONES SEXUALES MASCULINAS
¿QUÉ SON LAS DISFUNCIONES SEXUALES MASCULINAS?
Son las alteraciones sexuales del varón que aparecen cuando los factores orgánicos y/o psicológicos bloquean la relación sexual satisfactoria
¿QUÉ ES LA IMPOTENCIA O DISFUNCIÓN ERECTIVA?
El término impotencia posee una raíz latina (impotens: no poder). Es la incapacidad del hombre para obtener o mantener una erección suficiente para realizar un coito satisfactorio.
Todo hombre puede presentar algún episodio de falta de erección en algún momento de su vida relacionado con diferentes circunstancias: primeras relaciones con pareja nueva, falta de confianza, ingesta excesiva de alcohol, situaciones de estrés, ansiedad o depresión, etc. Cuando la impotencia se presenta de forma continuada debe consultarse al especialista.
En España, según un estudio epidemiológico realizado recientemente, el 12% de los varones entre 25 y 70 años la sufren en algún grado, aumentando su frecuencia y severidad con la edad. En la actualidad prácticamente todas las impotencias tienen solución. A partir del estudio de la causa es posible establecer el mejor tratamiento adaptado a las alteraciones y circunstancias de cada paciente. Cuando un hombre se excita, el pene recibe una gran cantidad de sangre y pasa de un estado de reposo blando (flaccidez) a un estado de rigidez con aumento de tamaño (tumescencia). Aunque puede decirse con seguridad que todo hombre experimenta una disfunción eréctil de vez en cuando, la impotencia se define en términos médicos como la incapacidad para mantener una erección suficiente para el coito en al menos el 25% de los intentos.
En la mayoría de las ocasiones, la primera situación de impotencia durante una relación provoca una gran ansiedad. La mayoría de los hombres se sienten frustrados y humillados ante una situación así y en caso de repetirse pueden caer en un estado depresivo que sólo sirva para agravar el problema. El hombre reacciona negativamente, y en la siguiente relación sexual, está más preocupado por conseguir la erección que por dejarse llevar y disfrutar del momento. Cuando el problema se repite, termina por convertirse en una pesadilla, el hombre tiene más ansiedad y se convierte en un verdadero problema de impotencia. ¿CUÁNTAS CLASES DE IMPOTENCIA EXISTEN? Pueden ser:
¿CUÁLES SON LAS CAUSAS DE LA IMPOTENCIA?
Si bien no podemos hablar tajantemente de causas orgánicas o psicológicas como separadas ya que creemos que aún la patología más orgánica tiene su correlato emocional, podríamos enumerar de una manera esquemática, aclarando que varias de estas causas pueden asociarse: a) Causas orgánicas: § Diabetes. § Vasculopatías periféricas. § Dislipemias (colesterol alto). § Tabaquismo. § Alcoholismo. § Drogadicción. § Enfermedad de la Peyronié (son placas de fibrosis en el pene, con la aparición de incurvación marcada, disminución de la respuesta erectiva y, a veces, con dolor). § Insuficiencia, fuga o escape venoso. § Problemas hormonales (no tan frecuentes como se supone). § Medicamentosas (muy frecuentes). § Problemas neurológicos. § Traumatismo pelviano. § Traumatismo quirúrgico (esp. en operaciones de cáncer colónico y prostático). § Fimosis y parafimosis (que actúan como un verdadero squeeze -apretón- que no permite una erección plena) b) Causas psicológicas o situacionales: § Cuadros depresivos. § Temor al fracaso. § Crisis de ansiedad § Ansiedad por el rendimiento. § Conflictos de pareja § Exigencias ante el acto. § Analfabetismo sexual. § Inadecuación a una nueva etapa vital. § Duelos por fallecimientos de seres queridos. § Crisis vitales: nacimientos, jubilación, separaciones y divorcios. § Conflictos psicológicos postquirúrgicos (donde no hubo lesión en zona genital). § Anticipación del fracaso. § Temor al compromiso. § Ausencia de método anticonceptivo confiable (es común escuchar a varones diciendo que si tienen que usar profiláctico pierden la erección). § Miedo al SIDA. ¿Cómo detectar si hay un problema físico? Hay que consignar que puede haber indicios para descartar problemas vasculares o neurológicos y son básicamente estos: 1) Si tiene erecciones matinales, es decir si al despertar se encuentra en estado de rigidez, que no será necesariamente de aparición diaria. 2) Cuando detecta que en las horas de sueño se nota erecto, una o varias veces a la noche. Esto -al igual que las erecciones matinales- se debe a los períodos REM del dormir y no a que se calientan los riñones o porque tenía ganas de orinar. 3) Si se masturba y hay buenas erecciones. 4) Si con una mujer puede hacerlo plenamente y con otra no. 5) Si en los juegos previos hay erecciones duraderas que se pierden al intentar penetrar. En cambio, si no tiene erecciones al despertar, nunca y en ninguna ocasión, ni en las horas del sueño; si ha notado una disminución lenta, paulatina y permanente de la rigidez, a pesar de tener una buena relación con su pareja y de ser ella una persona activa y que lo estimula genitalmente, de manera oral o manual; si no llega a la erección ni con masturbación ni cuando cambia de pareja; si tiene trastornos circulatorios en otras partes del cuerpo que nos haga pensar en un déficit vascular como ser que al caminar unas cuadras siente dolor en las pantorrillas o en el pecho, puede hacernos suponer que hay un cierto daño en las arterias del pene; si hay antecedentes de várices y hemorroides que nos hagan pensar en trastornos venosos; si es diabético desde hace tiempo y le cuesta controlarse y no hace dieta, o cree que no lo es pero orina en demasía, tiene mucha sed y apetito; si es un gran fumador o toma medicamentos para la presión o las coronarias, o psicofármacos; si ha aparecido una incurvación marcada del pene con placas de dureza a la simple palpación, son algunos de los indicios de organicidad; si tiene retención urinaria, si tiene pérdidas sanguíneas o ardor al orinar. Hay métodos para detectar de manera específica estas patologías: análisis generales, metabólicos y hormonales, Doppler de arterias peneanas, Monitoreo de las erecciones nocturnas o RigiScan, Test con drogas intracavernosas (vasoactivas), estudios neurofisiológicos, ecografía peneana y estudios prostáticos específicos. No está de más aclarar que no siempre se realizarán todos estos estudios sino que se indican según el caso particular.
¿QUÉ ES LA EYACULACIÓN PRECOZ?
Es la incapacidad de ejercer un control voluntario sobre el reflejo eyaculador, es decir, la eyaculación sorprende sin poder controlarla y puede aparecer bruscamente o paulatinamente.
¿CUÁLES SON LAS CAUSAS DE LA EYACULACIÓN PRECOZ?
Si la cantidad de estímulos sexuales recibidos es suficiente , en las primeras relaciones sexuales la casi talidad de los hombres no tienen control eyaculatorio, por lo tanto duran poco, salvo los que tengan deseos ansiógenos de eyacular, estén bajo los efectos del alcohol, etc. Conforme van teniendo experiencias sexuales, si van teniendo tranquilidad tanto ambiental como psicológica, se dan cuenta de que pueden percibir diferencias en las sensaciones preeyaculatorias , y que cuando están en esa fase del ciclo sexual hay una serie de cosas que influyen en el coito alargándolo o acelerándolo.
Es decir, hay algunas cosas que demoran la eyaculación. Aprenden a reconocer las CUATRO FASES preceptivas de la eyaculación:
1. Hay erección pero no se puede eyacular aunque se quiera. 2. Si sigo recibiendo estimulación, así o en ese sitio, es muy posible que acabe eyaculando en breves momentos. 3. Inminencia eyaculatoria: ya no se puede hacer nada para evitar que eyacule. En pocos segundos lo hará, es el tiempo que transcurre desde que sale el semen de la próstata hasta que llega al meato uretral. Si se fijan ya están sintiendo el orgasmo. 4. Se eyacula y se termina el orgasmo. En la relación sexual para tener control hay que querer tenerlo, y hay hombres que por diversos motivos no lo desean. También puede ocurrir que en las primeras relaciones no lo desearan y posteriormente, cuando ya si lo quieren resulte que no puedan por ansiedad, por no haber aprendido a percibir las fases de control eyaculatorio, etc. Se dan casos en los que tienen control y lo pierden por no estar interesados en él. Si están pensando en cualquier cosa que les impida percibir la segunda fase eyaculatoria, no podrán utilizar en ella estrategias adecuadas de control. La eyaculación y el orgasmo los dispara el Sistema Nervioso Simpático, que es el que regula la ansiedad. Por lo tanto, estar nervioso en una relación sexual provoca una eyaculación precoz. De igual modo, si se excita demasiado antes de empezar el coito, estará predispuesto fisiológicamente para eyacular al poco tiempo. En muchas situaciones de las que describimos a continuación aparecen causas concretas de la eyaculación precoz: - En las primeras experiencias sexuales daba igual que durasen mucho o poco, porque eran situaciones incómodas o debían ser cortas (prostitutas, en las que era peligroso que alguien les descubriera, en coches, competiciones de masturbación, etc.) - Se prefiere eyacular pronto como mal menor, ya que puede haber miedo a la falta de erección. - Períodos de calentamiento sexual excesivo. - Mucha masturbación. - Coito interrumpido. - Demasiadas demandas por parte de la pareja o temor a no satisfacerla (ser criticado, rechazado o abandonado). - No darse permiso para sentir placer., - Miedo a las mujeres. - Estrategias de distracción para controlar la eyaculación. - Si existe un período de deprivación excesivo, es difícil controlar la eyaculación aún teniendo estrategias para ello. ¿QUÉ ES LA EYACULACIÓN RETARDADA? También denominada ausencia de eyaculación, aneyaculación o incapacidad eyaculatoria. Se trata de un excesivo control involuntario del reflejo eyaculador, y el sujeto afectado no puede eyacular. Las causas orgánicas son debidas al uso de drogas y fármacos, así como a enfermedades que afectan al mecanismo de la eyaculación. Entre las causas psicológicas destacan sentimientos de culpabilidad, temor al embarazo, problemas maritales, descubrimiento de infidelidad, etc. ¿QUÉ HACER AL PADECER UNA DISFUNCION? Será conveniente acudir al especialista lo antes posible, ya que las disfunciones sexuales tienen solución cuando se tratan precozmente y se lleva a cabo una terapia adecuada, casi siempre a nivel de pareja. Para tratar la impotencia es imprescindible la ayuda de un especialista, pero también es esencial la reacción de la pareja. La pareja debe que quitar importancia a este asunto, sin tener reacciones negativas como enfados o pedir explicaciones sobre una supuesta infidelidad, ya que sino sólo se conseguirá que la ansiedad por la falta de respuesta sexual aumente. Aunque la Viagra, una pastilla que permite mantener la erección, puede ayudar momentáneamente, no es la solución de la impotencia. Lo mejor es hablar con la pareja relajadamente sobre el problema, ser sinceros, seguir los consejos del especialista y ambos podréis superar juntos ese bache. Además, la vida sexual de una pareja no está limitada a la penetración, hay muchas maneras de mantener vivos el deseo y la sexualidad mientras llega la solución médica o psicológica.
Cuando hay un episodio de falla erectiva, ¿es motivo de preocupación? Esto parte de la idea -en un mundo de presuntos triunfadores sexuales- que justo a él le vino a tocar y cae prisionero de una cultura que ha identificado el falo (pene erecto) y la penetración como símbolos de poder ("potencia"), de hombría y óptimo rendimiento; sin pensar que una pérdida de la erección no significa un menoscabo en sus condiciones como ser humano ni es sus potencialidades. Tal vez sería pertinente citar una frase que dice "un varón que no haya tenido alguna vez pérdida de la erección debería ir corriendo a una consulta psicológica". La mitología machista encuadra la potencia sexual dentro de la figura del semental, un varón fabulosamente dotado con una capacidad eréctil inquebrantable. En acuerdo con esta prescripción o mandato, todo aquél que se precie deberá ser capaz de alcanzar la erección en cualquier lugar y circunstancia. Este modelo, lejos de colaborar como estímulo, sólo ha servido para ocasionar complejos y frustraciones a sus seguidores. Son frecuentes las disfunciones derivadas del deseo de alcanzar marcas ajenas a su propia naturaleza. Una cierta concepción sugiere como paradigma de varón potente aquel que, además de poseer un miembro enorme, es capaz de mantenerlo rígido muchas horas y llegar a tantos orgasmos como su pareja o su deseo lo demanden. Esta versión magnificada y totalmente distorsionada de la sexualidad masculina va acompañada con la idea de que, además, debe desplegarla todos los días, fuera y dentro del matrimonio y que, con sólo proponérselo por un simple voluntarismo, bastará para lograr una erección inmediata y plena. Es una sexualidad que no conoce fallas ni disminuciones, bajo ningún atenuante. El fantasma de lo opuesto, la impotencia, planea de manera ominosa sobre casi todos los varones, sean jóvenes o maduros, homo o heterosexuales. Éste es otro mito: si no logra la respuesta eréctil se verá acosado por el miedo a la homosexualidad, como si ser gay fuera sinónimo de impotente. Para desarticular esta teoría, basta analizar cualquiera de sus enunciados: aquél que sostiene que la erección no necesita ningún estímulo previo y que, siempre que se plantee la posibilidad de mantener una relación sexual, el pene responderá a voluntad. Desde este punto de vista erróneo, un tanto cartesiano, la secuencia sería: tengo la erección luego hago el amor. Su contraparte negativa afirma que: sin erección no puedo comenzar a hacer el amor, con lo cual se va perdiendo toda posibilidad de contacto afectivo y erótico. En realidad la ecuación sería: primero hago el amor, me excito y la excito, por eso es que logro la erección. La realidad para cada varón parte de su individualidad. No hay un rendimiento estándar para todo el mundo. Lo primero que debería preguntarse un individuo es cómo sería su respuesta personal frente a determinada situación erótica. Si vive obsesionado por seguir un modelo de fábula terminará dándole más importancia a aquello que lo acerca a ese ideal que a sus verdaderas posibilidades. Estos planteamientos aparecen con mucha frecuencia en la clínica. Un ejemplo es el de un adulto que podría sentirse satisfecho con una o dos relaciones sexuales por semana, pero se exige alcanzar tres o más, siguiendo un patrón ajeno a él mismo. Otro caso común es el que no acepta el transcurso de los años y pasada la barrera de los 40 pretende una respuesta sexual idéntica a la que tenía diez o veinte años atrás; es el que piensa: "no sé lo que me pasa, ya no soy el de antes, ahora necesito que mi mujer me estimule para erectar", dicho de una manera dramática y no como un aspecto hasta si se quiere favorable (un paciente se lamentaba: "no puede ser que mi mujer me tenga que manosear"). Es interesante que en las consultas se observa con alarmante frecuencia que los pacientes mayores de 50 suelen decir que no los estimulan -ni lo hacen ellos- con contacto directo en los genitales, y recuerdan con nostalgia que antes no necesitaban de ser tocados. En esto la fisiología no se deja mandar: los varones -con el paso de los años- van a necesitar mayor estímulo en la zona genital, durante más tiempo y de manera más vigorosa. En pocas palabras: es una impotencia por falta de estímulos. Al pasar el umbral de los 40 muchos hombres lo sienten como un condicionante psicológico negativo que, sumado a los cambios físicos, suele ser disparador de conflictos. Por atravesar esta década se sienten verdaderos fracasados y comienzan una etapa de balance donde el resultado lo perciben netamente desfavorable, aunque hayan tenido éxito en sus vidas: les pesan las cosas que no consiguieron, las oportunidades que creen haber perdido, la fortuna que no lograron ni lograrán. Comienzan a conectarse con la idea de su propia muerte -la castración por excelencia- siendo conscientes, por primera vez, de su finitud, lo que se agrava si han muerto sus progenitores; un paciente, luego de morir su padre, me decía: "hasta la muerte de mi viejo jamás había pensado que yo también me iba a morir, sí... sabía que yo era mortal, pero desde lo teórico; ahora lo siento encarnadamente, tengo la certeza de que eso me va a ocurrir, y me da miedo". Todo esto lleva al varón a una crisis -la llamada de la mediana edad de la vida- donde la libido puede verse afectada sintiéndose amenazado por el temor de fracasar sexualmente. Después de los 50 el porcentaje de fracasos, considerados estos como la imposibilidad o dificultad de lograr un coito satisfactorio, es sensiblemente mayor. Lo que ocurre es que en esa etapa la erección tarda más en conseguirse, son muchas las veces donde no se consigue o necesita más estímulo directo para alcanzarla. Una vez que eyaculó requiere de períodos de tiempo más prolongados para volver a erectar. El individuo que acepta estas limitaciones buscará disfrutar más de los juegos preliminares, así como de otras variantes sexuales. Mientras que habrá otros que comenzarán a hacerse planteos existenciales: "¿no entiendo cómo vino a pasarme esto justo a mí?, ¿qué me pasará que ya no funciono como antes?", son las preguntas habituales. Pero una adecuada orientación permitirá aceptar el paso del tiempo y comprender que crisis existenciales y emocionales, exigencias elevadas del desempeño masculino, depresiones y pérdidas, tanto como la diabetes, la secuela de muchos años de tabaquismo, el alcoholismo, el colesterol, los problemas arteriales, la hipertensión, ciertos medicamentos, por citar sólo algunos ejemplos, explican la aparición de determinadas dificultades erectivas. El miedo al fracaso puede manifestarse no solamente como temor a la mujer desde el punto de vista corporal, sino como una manera de eludir compromisos afectivos. Algún tipo de disfunción a la hora del coito es una manera de cortar una relación y de esa manera evitar responsabilidades. Hay varones que también temen a las mujeres con mucha iniciativa, que son maduras y por ende abiertas a una propuesta interesante o inteligente por parte del compañero; éste piensa que no podrá satisfacerla y eso lo acobarda. Si alguien vive obsesionado por el temor a fracasar, a no rendir frente a una mujer, se convierte en un ser evasivo, que no incita a su pareja a hacer el amor y, cuando ella lo hace, siempre está cansado o lo posterga para más adelante. Un encuentro donde no se logre la erección o tenga un descontrol orgásmico puede ser totalmente circunstancial pero en algunos individuos genera el pánico a que sea definitivo y permanente y eso perpetúa el síntoma. Esto puede producirse porque los múltiples factores intervinientes pueden verse afectados durante el encuentro sexual. En los casos de temores exacerbados las causas están relacionadas con el aspecto psíquico. Por ejemplo: debut sexual, una nueva compañera, sentimiento de que con esa mujer tendrá que hacer un buen papel, que la mujer sea vivida como muy avanzadora (hecho observable en varones machistas anclados en conceptos arcaicos), hacerlo en un auto o en una habitación en la que se teme que alguien pueda entrar, exigencias de la pareja, miedo al embarazo o al SIDA. Todo esto da lugar a lo que llamaríamos una profecía autocumplidora: tengo miedo de que me pase, luego: seguro que me va a pasar y, finalmente, yo sabía que me iba a pasar. En la experiencia clínica se ve que son los varones inseguros, altamente competitivos, obsesivos, exigentes y perfeccionistas, los que toleran menos un fracaso sexual transitorio, transformándolo en algo más grave y cronificado. Si no se los tranquiliza van al encuentro de una mujer con la pregunta permanente: "¿esta vez lo lograré o volveré a fracasar?", y así configura, justamente, un nuevo fracaso. Como consecuencia del temor a fracasar es común que los hombres comiencen a esquivar el encuentro amoroso valiéndose de excusas diversas. A otros los asaltan dudas acerca de su hombría y se plantean si no les habrá emergido un homoerotismo latente. También están los que comienzan a recelar algún problema grave de salud. La cuestión es que de un fallo ocasional, magnificándolo, todo se convierte en un drama. Existen individuos que le temen al fracaso sin haberlo experimentado previamente y esto es posible en los casos de personas fóbicas u obsesivas, y que no poseen buena información o, por el contrario, están abrumados por las idealizaciones: una expectativa desmesurada o un arquetipo sexual de gran exigencia pueden llevar al fracaso, porque es tan alta la meta que se trazan que nunca la pueden alcanzar. Un individuo en la mediana edad de la vida no debe pasar por alto los juegos preliminares y las variantes no coitales, entendiendo que en el acto sexual podrá perder y recuperar la erección varias veces. Sólo su fijación al modelo adolescente le haría suponer que mantendrá su potencia sexual invariable desde la excitación inicial hasta el orgasmo. No hay motivo para abandonar los juegos o las variantes imaginativas; por el contrario, es una buena oportunidad para enriquecer el bagaje erótico. No habría que ver el declinar de la potencia como algo apocalíptico, como el no va más. En esta etapa, la vida sexual no es peor sino distinta. Y si en cantidad puede verse menguada, crece en calidad, porque aumentan los permisos, la innovación, la creatividad, la búsqueda de variables, el darse tiempo y esto redunda en un mayor placer. Muchos varones reconocen con sinceridad que recién vivieron una sexualidad satisfactoria en su madurez y que las mujeres los ayudaron a encontrar nuevos senderos. Para aquellos que no toleran las vicisitudes de la vida ni los cambios en la respuesta erectiva, les quedan pocos caminos: si no aceptan las psicoterapias sexológicas breves puede ser usado el Viagra (sildenafil) que tiene un poderoso efecto tanto en impotencias psicológicas como orgánicas. Si no respondieran podrán optar por las prótesis, las bombas de vacío o las inyecciones de drogas vasoactivas que, de todos modos, también pueden ser un camino válido antes que la frustración constante de ellos mismos y de sus parejas. En realidad el Viagra termina siendo, máxime si se usa en el marco de las terapias sexuales breves, el remedio más eficaz. Para tratar la eyaculación precoz hay que reconvertir el motivo de la consulta sexológica en que EL CLIENTE TENGA MÁS TIEMPO DE PLACER. Si no se hace así, se le mete la presión a la pareja para que tenga orgasmos, y suelen venir ellas después por ANORGASMIA. Se les enseña a ser egocentristas en el placer sexual, para que en vez de obsesionarse por durar más y poder dar un orgasmo a su pareja, se centren en DISFRUTAR. En realidad la eyaculación precoz es una disfunción social, artificial. Es eyaculación precoz en el coito, ya que el problema es que quieren durar más tiempo para que la pareja pueda llegar al orgasmo. El tiempo medio de duración del coito es de 7 minutos, y el tiempo de media para que la mujer llegue al orgasmo es de unos 21 minutos. La eyaculación precoz por tanto no es una enfermedad, sino que hay una falta del aprendizaje de las sensaciones placenteras en la respuesta sexual, que lleva a no reconocer el momento previo a la eyaculación inminente (es el paso de la fase de meseta a la fase de emisión), que posibilita en prolongar la fase de meseta y por ende el acto sexual.
Gráficamente la respuesta sexual del hombre y de la mujer quedaría de la siguiente manera:
En este gráfico se describe la respuesta sexual masculina. La fase de resolución comprende un período refractario absoluto, en el que se produce una nueva eyaculación a pesar del estímulo, y su duración depende en gran medida de la edad. Orgasmo: Posibilidad de orgasmos múltiples
En este gráfico se muestra la respuesta sexual femenina, señalando, que algunas mujeres después de la sensación orgásmica, permanecen en la fase de meseta y al continuar la estimulación sexual pueden presentar otras sensaciones orgásmicas.
Si superponemos ambos gráficos podemos concluir que el hombre alcanza con mayor facilidad la fase de meseta y el orgasmo, por lo que se puede producir el hecho de que el varón tenga su orgasmo y la mujer esté en la fase de meseta y no lo alcance, ya que el hombre se encontraría en ese momento en su período refractario absoluto.
El primer paso por el que comenzaremos la intervención es enseñar TÉCNICAS DE CONTROL EYACULATORIO, para ello decidimos utilizar ejercicios de la musculatura pubocoxígea (PC): es un paquete de músculos que van desde el hueso púbico hasta el coxis. Esta musculatura estriada, de control voluntario, si no se ejercita se debilita. Toda actividad sexual se ve influida completamente por esta musculatura estriada, y como la mayoría no ejercita el músculo está un poco atrofiado. El hombre ha aprendido a orinar sin hacer fuerza; el no orinar espontáneamente y no ejercitar la fuerza natural atrofia éste músculo. La fuerza de expulsión de semen va decayendo también con los años. Se va atrofiando por el desuso ésta musculatura.
La musculatura PC rodea los conductos por los que la orina va desde la vejiga hasta el meato. En un sitio cerca de la próstata coincide con los del semen. Si se aprieta con fuerza esa musculatura se obstruye el conducto impidiendo salir semen u orina. Si la vía de salida de la próstata se tapa, no expulsa nada; si antes de eyacular se bloquea el conducto no sale el semen de la próstata, no hay orgasmo ni eyaculación. Si se hace tarde sale el semen de la próstata y cuando llega al tapón vuelve hacia la vejiga y al orinar saldrá el semen. En este caso tendría un orgasmo seco.
CÓMO EJERCITAR LA MUSCULATURA PC: lo primero es cambiar las malas costumbres a la hora de orinar. A partir de ahora debes orinar en el campo, en la bañera, etc., en lugares donde puedas orinar haciendo fuerza (como cuando eras pequeño y hacías competiciones con tus amigos para ver cuál llegaba más lejos, o escribías tu nombre en la pared con la orina, etc.).
Para tener el control eyaculatorio es casi imprescindible usar la parada o disminución del ritmo de la estimulación recibida. La BASE del tratamiento está en las paradas. Todos los hombres hacen paradas durante el coito para poder controlar la eyaculación; casi nadie es consciente de estas paradas o de la disminución del ritmo, pero hacemos diferentes cosas como cambiar de postura, hablar, decirnos cosas cariñosas, caricias, besos, etc. En estas paradas debes aprovechar para decir cosas cariñosas a tu pareja, darle besos, cambiar de postura, etc. A medida que te vayas haciendo un experto irás utilizando más la disminución del ritmo que las paradas.
© PsizaMa T&S 2002-2008
|