Apoyo en el divorcio

En el año 2007 se celebraron 203.697 matrimonios y hubo 137.510 rupturas entre separaciones y divorcios. Son cifras alarmantes y crecientes, pero lejos todavía de afirmaciones abusivas como que se dan más divorcios que matrimonios.

Superar un divorcio no es en muchos casos fácil, se trata de un proceso de pérdida y viviremos muchas emociones diferentes; desde no aceptar que la relación acabó, pasando por rabia, culpa, tristeza, ansiedad…

No es extraño que esto suceda, ya que se trata de aceptar una situación completamente nueva. Con el fin de la relación también desaparecen proyectos de futuro que dábamos por seguros, a veces cambiamos de casa, cambia nuestra situación económica, si se tienen hijos hay que afrontar su reacción ante la nueva situación, y además empezamos a tener que manejar sentimientos de frustración, fracaso y miedo a la soledad.

En definitiva un divorcio supone un cambio a todos los niveles en que, si bien es normal pasar por un montón de emociones, también es importante no quedarse anclado en ellas, superar cada etapa y, por ejemplo, no seguir creyendo que la relación no acabó, o alimentar un odio permanente hacia el/la “ex”.

Después de una ruptura en ocasiones se destapan dificultades que habían estado ocultas porque la pareja cubría ese frente o nos sentíamos respaldados o acompañados, aunque la relación no funcionase. Es frecuente que exista un alto nivel de estrés por el impacto que supone reorganizar nuestra vida, ocuparnos de aspectos que no estamos acostumbrados  y afrontar momentos de soledad.

Las dificultades por las que uno atraviesa van a depender de muchos factores, no es lo mismo afrontar una ruptura de pareja cuando hay hijos por medio que si no los hay, no es igual que te sigas sintiendo enamorado de tu ex, o que haya sido una ruptura de mutuo acuerdo; a veces la sensación de soledad es mayor al perder a las amistades comunes. Los problemas económicos también pueden pesar si los ingresos han disminuido desde el divorcio.

En definitiva este cambio se convierte en un reto a muchos niveles, como cualquier nueva etapa superar la dificultad puede hacernos crecer internamente y fortalecernos. Pero en ocasiones las sensaciones de bloqueo y de miedo nos impiden pasar página, no recuperamos ese espacio individual, nos dejamos llevar por la sensación de fracaso y así el resto de dificultades aumentan y se complican más cada vez.

Es cierto que cuando una relación no funciona, o no hace suficientemente felices a los dos miembros, es mejor darse la oportunidad de ser felices por separado. Pero afrontar la realidad de la ruptura es algo más, no se trata de positivar cualquier aspecto, porque uno sentirá que intenta engañarse a sí mismo, una ruptura de pareja es dura de afrontar, sería insensato pensar lo contrario. Lo ideal es afrontar esos momentos difíciles de modo realista, fijarnos nuevas metas y no empeñarnos en seguir anclados en el papel que desempeñábamos cuando teníamos pareja. Ser conscientes de ese nuevo estado de “soltería” y comportarnos en consecuencia es fundamental para superar este proceso.